Por los Aires Gratos de Argentina
abril 21, 2009
Buenos Aires, la ciudad “infinita” de Borges, me cobijó hace poco. Demás esta decir que el amparo no advino al ofrecer una calidez incandescente, una mano sudorosa o derrochadora simpatía. Sólo estaba ahi, en su cosmos esplendoroso, una urbe con ansias europeas, una metrópolis hispanoparlante, con muchos pies y con más callejones.
El término “ciudad” y planificación urbana no existen en mi imaginario nacional. Un ómnibus medianamente puntual, un metro con rutas fijas (o tan siquiera lógicas), un destino final a pie son experiencias fantásticas (e inconcebibles) en mi país macondino. Los aires gratos de la Argentina, fueron como su nombre “Buenos” (siempre en plural como todo allí).

Floralis Generalis, Recoleta (Bs.As., Argentina)